EL DIBUJO EN LA ILUSTRACIÓN: CÓMO CONSTRUIR Y COMUNICAR UNA IDEA
Dibujar e ilustrar están estrechamente relacionados, pero no son exactamente lo mismo. Un dibujo puede existir como obra autónoma, como estudio o como ejercicio de observación. En una ilustración, en cambio, la imagen suele construirse para comunicar una idea, acompañar un texto, explicar algo o desarrollar visualmente un concepto.
El dibujo es una de las herramientas que permiten construir esa imagen. Sirve para buscar formas, estudiar personajes, organizar una composición, resolver proporciones, probar encuadres y decidir qué información necesita realmente la ilustración.
Esto no significa que todo ilustrador tenga que dibujar de manera realista. Existen ilustraciones muy descriptivas y otras enormemente simplificadas. Algunas se apoyan en una línea precisa; otras, en manchas, formas planas, texturas o combinaciones de distintos recursos.
Dibujar bien para ilustrar no significa necesariamente dibujar de manera realista. Significa disponer de recursos suficientes para construir una imagen capaz de comunicar lo que necesitamos.
DIBUJAR E ILUSTRAR: CUÁL ES LA DIFERENCIA
El dibujo es un lenguaje visual y también una herramienta de trabajo. Podemos dibujar para observar, estudiar una forma, comprender una estructura, registrar algo que tenemos delante o desarrollar una imagen imaginada.
La ilustración suele incorporar además una intención comunicativa concreta. Puede representar una escena de un relato, explicar un proceso, caracterizar un personaje, sintetizar un concepto o crear una imagen destinada a una publicación, un cartel, un libro, un producto o una pantalla.
Por eso una ilustración no se valora únicamente por la dificultad técnica de su dibujo. Una imagen aparentemente sencilla puede estar muy bien resuelta si sus formas, composición y lenguaje visual responden con claridad a aquello que pretende comunicar.
EL DIBUJO COMO HERRAMIENTA PARA PENSAR
Antes de llegar a una ilustración terminada pueden existir numerosos dibujos que nunca verá el espectador: pequeños bocetos, pruebas de composición, estudios de objetos, expresiones, manos, poses, vestuario o alternativas para una misma escena.
Estos dibujos no necesitan tener el acabado de la imagen final. Su función consiste en ayudarnos a pensar visualmente.
Un boceto rápido permite comprobar una idea antes de invertir tiempo en desarrollarla. Podemos desplazar una figura, cambiar su tamaño, modificar un punto de vista o eliminar elementos que distraen sin necesidad de rehacer una ilustración prácticamente terminada.
Dibujar, en esta fase, es una manera de plantear preguntas y probar respuestas.
DE LA IDEA AL PRIMER BOCETO
Una ilustración puede comenzar con una frase, un texto completo, una escena, un personaje o simplemente una idea que queremos convertir en imagen.
Antes de dibujar conviene identificar qué es esencial. Si intentamos representar todas las asociaciones posibles al mismo tiempo, la imagen puede perder claridad.
Podemos preguntarnos qué sucede, qué elemento tiene mayor importancia, desde dónde queremos observar la escena y qué información necesita comprender quien vea la ilustración.
A partir de ahí empiezan los primeros bocetos. En esta fase resulta más útil probar varias posibilidades pequeñas que desarrollar inmediatamente una única solución.
LA COMPOSICIÓN ORGANIZA LA IDEA
Una buena idea puede perder fuerza si los elementos aparecen distribuidos sin una jerarquía clara. La composición permite decidir dónde situarlos y qué relación establecer entre ellos.
El tamaño de una figura, el espacio que dejamos a su alrededor, la dirección hacia la que mira, la presencia de una gran zona vacía o la posición de un objeto secundario pueden cambiar la lectura de la imagen.
Por eso resulta útil resolver primero la composición mediante pequeños bocetos. En Composición en dibujo: cómo organizar formas, espacios y equilibrio encontrarás desarrollados los fundamentos de formato, espacios positivos y negativos, equilibrio y centro de interés.
LA LÍNEA EN LA ILUSTRACIÓN
La línea puede tener un papel protagonista o desaparecer casi por completo en la imagen final. Cuando está presente, no tiene por qué limitarse a delimitar los contornos.
Su grosor, continuidad, intensidad y dirección pueden ayudar a diferenciar planos, describir superficies o establecer una determinada unidad gráfica.
Una línea regular y precisa produce un resultado distinto de otra quebrada, variable o construida mediante pequeños trazos. Estas diferencias forman parte del lenguaje de la ilustración.
Puedes profundizar en este recurso en Dibujar solo con líneas: tipos de trazo y materiales para dibujo.
SIMPLIFICAR TAMBIÉN ES DIBUJAR
Saber dibujar no consiste únicamente en ser capaz de representar muchos detalles. También implica reconocer cuáles son necesarios y cuáles podemos eliminar.
Para simplificar una forma con intención primero necesitamos observarla: comprender sus proporciones principales, identificar aquello que la caracteriza y decidir qué información debe permanecer para que siga funcionando visualmente.
Una ilustración puede reducir una figura a unas pocas formas y continuar siendo perfectamente comprensible. Esa síntesis no es necesariamente una falta de dibujo; puede ser una decisión gráfica muy elaborada.
Simplificar no consiste en eliminar al azar. Consiste en decidir qué información visual necesita la imagen y qué podemos retirar sin perder lo esencial.
DIBUJAR CON REFERENCIAS
Utilizar referencias forma parte del trabajo de dibujo. Cuando necesitamos representar un animal, una prenda, una arquitectura, una planta o un objeto que no conocemos suficientemente, observar documentación adecuada nos ayuda a comprender cómo está construido.
Una referencia no tiene por qué convertirse en una imagen que copiamos literalmente. Podemos utilizar varias para estudiar estructura, proporciones, materiales, posiciones o detalles y construir después nuestra propia solución.
Cuanto menos conocemos visualmente un tema, más fácil es sustituir la observación por una forma genérica que tenemos almacenada en la memoria.
Documentarse antes de dibujar amplía el repertorio de formas con el que podemos trabajar.
VALORES, LUCES Y CONTRASTE
Incluso cuando una ilustración terminará en color, comprobar su estructura de valores puede ser muy útil. Las diferencias entre zonas claras y oscuras ayudan a separar formas, establecer profundidad y dirigir la atención.
Un pequeño boceto tonal permite comprobar si la imagen continúa siendo legible antes de trabajar matices más complejos.
No todas las ilustraciones necesitan un claroscuro realista. Los valores pueden organizarse de manera naturalista, reducirse a unas pocas masas o utilizarse con una intención puramente gráfica.
Lo importante es que formen parte de la construcción de la imagen y no aparezcan únicamente como un acabado añadido al final.
EL MATERIAL NO DEFINE POR SÍ SOLO UNA ILUSTRACIÓN
Podemos ilustrar con grafito, tinta, carboncillo, acuarela, lápices de colores, técnicas digitales o combinaciones de varios medios.
Cada material ofrece posibilidades diferentes, pero elegir una técnica atractiva no resuelve por sí misma la imagen. Debajo continúan existiendo decisiones de forma, proporción, espacio, contraste y jerarquía.
El material debe acompañar a la intención de la ilustración. En ocasiones necesitaremos precisión; en otras nos interesará una superficie irregular, una línea muy visible o una imagen construida principalmente mediante manchas.
Precisamente en Dibujar con manchas: azar, formas y decalcomanía en el dibujo puedes ver cómo la mancha puede convertirse también en punto de partida para construir imágenes.
DESARROLLAR UN LENGUAJE GRÁFICO
Con la práctica empiezan a repetirse determinadas decisiones: una manera de construir las formas, un tipo de línea, ciertos grados de simplificación, determinadas relaciones entre figura y fondo o una forma particular de utilizar el color.
Esa coherencia puede formar parte de un lenguaje gráfico propio, pero no es necesario perseguir un estilo cerrado desde el principio.
Resulta más útil dibujar, observar, estudiar imágenes diferentes, probar materiales y resolver problemas concretos. El lenguaje visual se desarrolla a medida que acumulamos decisiones y aprendemos cuáles sirven mejor a nuestro trabajo.
UN EJERCICIO: ILUSTRAR UNA MISMA IDEA DE TRES MANERAS
Elige una idea sencilla. Puede ser, por ejemplo, una persona esperando bajo la lluvia, un gato observando algo fuera de la imagen o una mesa después de una comida.
Realiza tres bocetos pequeños de la misma idea. En el primero intenta describir la escena de manera relativamente observacional. En el segundo simplifica las formas y elimina todos los detalles que no sean necesarios.
En el tercero cambia el punto de vista o la composición. Acércate mucho al motivo, aléjate, desplaza el elemento principal o deja una zona amplia de espacio vacío.
Después compara las tres soluciones. Observa cuál comunica mejor la idea, qué información has podido eliminar y cómo ha cambiado el resultado sin necesidad de cambiar el tema.
Una misma idea admite muchas imágenes. Parte del trabajo de ilustrar consiste precisamente en probar posibilidades y elegir qué solución visual comunica mejor aquello que queremos contar.
APRENDER A DIBUJAR PARA APRENDER A RESOLVER
En ilustración, aprender a dibujar amplía las posibilidades para resolver problemas visuales. Permite estudiar aquello que no conocemos, modificar una idea, construir una escena y comprobar rápidamente si una solución funciona.
La precisión es importante cuando la imagen la necesita, pero también lo son la síntesis, la claridad y la capacidad de seleccionar.
No todas las ilustraciones requieren el mismo tipo de dibujo ni el mismo grado de acabado. Lo que sí necesitan es que las decisiones gráficas tengan sentido dentro de la imagen que estamos construyendo.
Dibujar proporciona herramientas. Ilustrar consiste en utilizarlas para convertir una idea en una imagen.
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